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martes, 14 de junio de 2011

Como fabulosos cohetes amarillos

¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo y con rostro de fantasma dolorido camina temblando por la pesadilla de la vida.

On the road. Jack Kerouac.






“En El Camino” es la historia de un jovencísimo Jack Kerouac, que cansado, desilusionado y decepcionado con la sociedad norteamericana de los años 50 se lanza al descubrimiento de las tierras del lejano Oeste con el único objetivo que el de encontrar su alma. Kerouac, que en el libro será Sal Paradise, no encontraba sentido a la vida que estaba llevando, o en cierto sentido, a la vida que le estaba llevando a él, por un camino plagado de desilusiones. Fue este desarraigo lo que le impulsó a rechazar los valores tradicionales de la posguerra, creando con ello el inicio de la llamada “generación beat” con la que liberarse de las cadenas sociales y buscar un sentido a su existencia. Pero este movimiento además de sus luces tuvo también sus sombras, pues las drogas y el alcohol fueron compañeros inseparables de todos aquellos infelices que aún buscaban su lugar en el mundo. Y que aún están por hallarlo.


Sus ideales, en los que se recogían corrientes tanto de pensamiento como de filosofía oriental, fueron el claro exponente de una joven generación que acabó abrazando el movimiento hippy debido a los terribles sucesos que por aquella época estaban teniendo lugar en Vietnam. Nace entonces un movimiento que mitifica la famosa ruta 66, la poesía, las drogas y el jazz. Un movimiento que había llegado para quedarse. Es aquí donde comienza "El Camino".


Dean Moriarty, Chad King, Tim Gray, Ray Rawlings y muchos otros fueron los pilares humanes que Kerouac iría conociendo a lo largo de todos sus viajes. “Yo vacilaba tras ellos, como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde como fabulosos cohetes amarillos“. Para él la gracia de las personas con las que entablaba amistad en la carretera era un mero contrato de supervivencia, del que tan sólo extraía el entusiasmo de las cosas.
“Empezó a gustarme, no porque fuera una buena persona sino porque demostraba entusiasmo por las cosas”.
Llega a Denver, donde “el aire era tibio, las estrellas tan hermosas, las promesas de cada siniestro callejón tan grandes, que creí que estaba soñando”. Y finalmente tras su llegada a Los Ángeles se da cuenta de que nunca antes de había sentido más triste en toda su vida. “LA es la ciudad más solitaria y brutal de toda Norteamérica. Nueva York tiene un frío en invierno que te cala hasta los huesos pero se nota cierta cordialidad. LA es la jungla.”.

“Quiero casarme, quiero que mi alma repose junto a una buena mujer hasta que nos hagamos viejos. Esto no puede seguir así todo el tiempo. Este frenético deambular tiene que terminarse. Debemos llegar a algún sitio, encontrar algo”. Se pone de manifiesto un sentimiento espiritual. “Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar, gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir”.

En esta parte del Oeste “las estrellas son tan grandes como luces de fuegos artificiales y tan solitarias como el Príncipe del Dharma que ha perdido el bosque de sus antepasados y viaja a través del espacio entre los puntos de luz del rabo de la Osa Mayor tratando de volver a encontrarlo”.

“La estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos".

Tras leer “On the road” uno se da cuenta de por qué esta novela se ha convertido en la Biblia de los hippies y de muchos artistas contemporáneos. Son las cadenas sociales las que nos obligan a disfrutar de la vida con la plenitud que se merece. Vivimos inmersos en una rueda capitalista, en la que agotamos nuestros días pensando en el pasado y vaticinando el futuro, olvidando que el único regalo que tenemos es el presente. Abramos los ojos a la realidad que nos rodea y actuemos en consecuencia.
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martes, 14 de junio de 2011

Como fabulosos cohetes amarillos

¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo y con rostro de fantasma dolorido camina temblando por la pesadilla de la vida.

On the road. Jack Kerouac.






“En El Camino” es la historia de un jovencísimo Jack Kerouac, que cansado, desilusionado y decepcionado con la sociedad norteamericana de los años 50 se lanza al descubrimiento de las tierras del lejano Oeste con el único objetivo que el de encontrar su alma. Kerouac, que en el libro será Sal Paradise, no encontraba sentido a la vida que estaba llevando, o en cierto sentido, a la vida que le estaba llevando a él, por un camino plagado de desilusiones. Fue este desarraigo lo que le impulsó a rechazar los valores tradicionales de la posguerra, creando con ello el inicio de la llamada “generación beat” con la que liberarse de las cadenas sociales y buscar un sentido a su existencia. Pero este movimiento además de sus luces tuvo también sus sombras, pues las drogas y el alcohol fueron compañeros inseparables de todos aquellos infelices que aún buscaban su lugar en el mundo. Y que aún están por hallarlo.


Sus ideales, en los que se recogían corrientes tanto de pensamiento como de filosofía oriental, fueron el claro exponente de una joven generación que acabó abrazando el movimiento hippy debido a los terribles sucesos que por aquella época estaban teniendo lugar en Vietnam. Nace entonces un movimiento que mitifica la famosa ruta 66, la poesía, las drogas y el jazz. Un movimiento que había llegado para quedarse. Es aquí donde comienza "El Camino".


Dean Moriarty, Chad King, Tim Gray, Ray Rawlings y muchos otros fueron los pilares humanes que Kerouac iría conociendo a lo largo de todos sus viajes. “Yo vacilaba tras ellos, como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde como fabulosos cohetes amarillos“. Para él la gracia de las personas con las que entablaba amistad en la carretera era un mero contrato de supervivencia, del que tan sólo extraía el entusiasmo de las cosas.
“Empezó a gustarme, no porque fuera una buena persona sino porque demostraba entusiasmo por las cosas”.
Llega a Denver, donde “el aire era tibio, las estrellas tan hermosas, las promesas de cada siniestro callejón tan grandes, que creí que estaba soñando”. Y finalmente tras su llegada a Los Ángeles se da cuenta de que nunca antes de había sentido más triste en toda su vida. “LA es la ciudad más solitaria y brutal de toda Norteamérica. Nueva York tiene un frío en invierno que te cala hasta los huesos pero se nota cierta cordialidad. LA es la jungla.”.

“Quiero casarme, quiero que mi alma repose junto a una buena mujer hasta que nos hagamos viejos. Esto no puede seguir así todo el tiempo. Este frenético deambular tiene que terminarse. Debemos llegar a algún sitio, encontrar algo”. Se pone de manifiesto un sentimiento espiritual. “Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar, gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir”.

En esta parte del Oeste “las estrellas son tan grandes como luces de fuegos artificiales y tan solitarias como el Príncipe del Dharma que ha perdido el bosque de sus antepasados y viaja a través del espacio entre los puntos de luz del rabo de la Osa Mayor tratando de volver a encontrarlo”.

“La estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos".

Tras leer “On the road” uno se da cuenta de por qué esta novela se ha convertido en la Biblia de los hippies y de muchos artistas contemporáneos. Son las cadenas sociales las que nos obligan a disfrutar de la vida con la plenitud que se merece. Vivimos inmersos en una rueda capitalista, en la que agotamos nuestros días pensando en el pasado y vaticinando el futuro, olvidando que el único regalo que tenemos es el presente. Abramos los ojos a la realidad que nos rodea y actuemos en consecuencia.